Aborto Terapeutico: aislemos el problema

 

Se ha puesto de moda el debate sobre el aborto terapéutico y también las uniones homosexuales, generando conflicto entre ambas mayores candidaturas presidenciales, y en este comentario me quiero referir principalmente al primero por encontrarlo más relevante. Ante una temática tan sensible, antes de juzgar quien tiene la razón, es bueno apreciar ciertos puntos que nos caracterizan como país.

Primero, en nuestra constitución se privilegia el derecho a la vida y a la libertad como valores fundamentales. ¿Esto le da preferencia a alguno? No! Si bien es cierto que consideramos el derecho a la vida como fundamental y en consecuencia debemos proteger al niño que esta por nacer, bajo ese supuesto la libertad de elegir tiene igual importancia y debiese respetarse la opción de quienes no quieran dar a la luz. En esta balanza jurídica no hay un claro vencedor y es por eso que creo que, con este argumento, no ganamos nada.

Segundo, el fundamento del aborto terapéutico. Los defensores de este apelan al riesgo en la vida de la madre así como a la gran cantidad de abortos clandestinos en nuestro país, que por cierto, los hay por montones. Sin embargo, una validación de esta clase de abortos se prestaría fácilmente para el sobreuso y la explotación: no podemos olvidar que en la mayoría de los casos de madres en riesgo hay métodos alternativos así como abortos espontáneos, lo que nos reduce mucho la población en cuestión y además, aumentarían dudosamente los abortos con justificación terapéutica (basta recordar la relacion entre las "pildoras del dia despues" entregadas a mujeres supuestamente violadas y las violaciones constatadas propiamente tal). En este caso quizás sería menos engañoso defender el aborto por sí solo. Medicamente, tampoco nos podemos inclinar definitivamente a una postura

En definitiva, la raíz de la discusión y la solución a esta cae en un aspecto totalmente ético y apela a lo más profundo de nuestra sociedad “moderna”. Decidir el aborto “terapéutico” o no, nos debe quedar en la conciencia, en especial si nos preguntamos: ¿le quitaría la vida a mi hijo, en pos de mi bienestar personal? ¿Qué me haría más feliz? ¿Debo priorizar MI felicidad?

Por último, para volver al tema político, considero que para debatir estos puntos tan sensibles hay que tener una postura clara y consecuente con nuestros valores: no se trata de querer debatir para parecer moderno y dar una imagen errónea, sino de actuar en consecuencia y de no engañarnos a nosotros mismos en pos de una imagen. Yo como joven católico tengo clara mi elección y podre debatirla, pero no traicionarla

 

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